miércoles, 7 de octubre de 2009

La poesia inquisitiva de Yoani Sanchez, "La bloguer Cubana"

Sin decir nombres, dice y señala mucho, una verdadera delicia leer sus expresiones sobre la cotidiana vida del sufrido pueblo cubano. Deleitese como yo. Desde la imagen que ella misma eligió hasta la ultima coma.




Hasta mediados de la década de los ochenta,

se les podía encontrar a todo lo largo

del territorio nacional.

Durante un cuarto de siglo, su presencia

se impuso, eran agresivos y exhibicionistas.

Parecían absolutamente convencidos.

Optimistas impermeables a cualquier desánimo,

tenían siempre a mano el argumento preciso

para salirle al paso al derrotismo,

al comentario tendencioso del “enemigo”.

Los caracterizaba una sonrisa arrogante

como preludio a sus respuestas,

un aire didáctico lleno de superioridad

y una mirada entre despectiva y piadosa

cuando prodigaban su claridad

entre los confundidos.

A veces se mostraban sorprendidos,

asombrados de que existieran personas

que no comprendieran que el futuro luminoso

estaba a punto de llegar y de imponerse.

Ahora algunos de ellos –como

experimentados camaleones–

se han metamorfoseado y estudian hoy

las reglas del marketing

para aplicarlas en las empresas mixtas

con capital extranjero

donde ocupan cargos de gerentes.

Tienen el olfato fino para oler

los cambios inevitables que vendrán.

Cuando se quedan a solas con alguien excluido

y crítico –como yo– nos palpan el hombro

mientras nos dicen al oído “estoy contigo”.

De esa y otras maneras, los oportunistas

creen que se reservan un lugar en el mañana,

donde planean llevar la máscara que haga falta

con tal de seguir beneficiándose.


La trasmutación de esta especie,

que depredaba a quienes tenían

un pensamiento diferente, ha contribuido

a un leve mejoramiento en el clima espiritual

de la nación.

Ante la paulatina desaparición de los inquisidores,

los herejes van ganando confianza,

lo que no significa que se hayan apagado las hogueras.

Las instituciones represivas siguen intactas,

la diferencia es que ahora están faltos

de argumentos y solo puede esgrimirse

el deseo de mantenerse en el poder,

no ya como una clase social que pugna

por reivindicar sus derechos,

sino como una casta, un clan familiar

que defiende sus intereses.

Yoani Sanchez