lunes, 3 de agosto de 2009

Zapatero sin billete y la duquesa de Alba sin casar


Federico Jiménez Losantos

No sé si al final se casará la duquesa de Alba y Zapatero conseguirá billete de polizón para la cenagosa cumbre de Washington; o si una se casará y el otro no se embarcará o al revés. Pero en ambos casos el esperpento, tan entretenido en su planteamiento, ha perdido la gracia de lo grotesco y sólo conserva el fulgor oscuro de lo siniestro, lo que Freud llamó unheimlich y hace muchos años yo propuse traducir como infamiliar.

El otro día, aunque aún era de noche, estaba llegando a la COPE cuando vi clara la semejanza entre el esperpento nupcial de la duquesa y el esperpento diplomático del presidente del Gobierno. La luz no vino de mis modestos estimulantes de madrugada –la cafeína aguada y la microfonina pura–, sino del surgimiento asociado de dos adjetivos aplicables a los dos fenómenos, en apariencia tan distintos: "grotesco" e "innecesario". Porque grotesco es el tira y afloja en torno a la boda de la anciana duquesa y el hermano anticuario del íntimo amigo del cura Jesús Aguirre, segundo duque consorte difunto, que, aun comprendiendo la razonable alarma de los herederos, a mí me parece un genial monumento a la más tierna de las promiscuidades. En clave valleinclanesca, claro está. Pero más grotesco aún es el empeño de Zapatero en invitarse a una reunión en la que se niegan a dejarle entrar, con ese afán de polizón con síndrome de abstinencia social que no sólo vemos televisado sino que encuentra en la publicidad su única razón real de ser.

Si hubiera un programa de telebasura como es debido, o sea, chismoso pero no del todo incontrolado, como aquella primitiva Tómbola de Chimo Rovira y Jesús Mariñas, yo entendería el empeño del protocónyuge de la Duquesa –diríase una fijación familiar con el boscoso linaje de los Alba– como una forma de asegurarse una pequeña fortuna en teleapariciones a precio de lingote áureo y memorias cuidadosamente desmemoriadas, no peor financiadas. En ese caso, lo moralmente innecesario se haría obligatorio para cubrir tan aparatosa necesidad de fama barata y dinero caro. Pero hay otro paralelismo entre la duquesa por casar y el presidente por embarcar, que es el del aburrimiento del público ante la luenga duración del esperpento. Mis contertulios de la Crónica Rosa han ido pasando del bullebulle y comecome del provecto himeneo al detalle aburrido de esta sórdida empresa de logrería picaresca. Y los detractores de Zapatero hemos pasado ya del jolgorio por el ridículo a la mueca de hastío ante tan ridícula y estúpida obstinación.

Lo mismo se casa el aspirante a la mano de nieve y se embarca el polizón hacia la isla de Ellis, porque el empeño de la duquesa novia y el esfuerzo del pretendiente a la foto son harto llamativos. Pero lo normal sería que, tras sendas cancelaciones de fervores, la convulsión aristocrática y la palabrería demagógica acabaran en el ámbito de la basura sentimental, no reciclable pero sí tratable gracias a la planta del olvido. De aquí a un mes, lo que sea sonará. Y si no suena, nos olvidaremos. Si la naturalísima y disculpable frivolidad humana cotizara en Bolsa, sería el único valor siempre al alza. Pero como no cotiza ni la codicia, para Navidades, aquí o en Washington, si te he visto no me acuerdo.

“Siempre recibirás mas elogios y gratitud cuando escuches mucho y hables poco” (Abel Desestress)