miércoles, 7 de mayo de 2008

DESASTRE TOTAL EN BIRMANIA, ACONGOJANTE SITUACION 40 MIL DESAPARECIDOS, 25 MIL MUERTOS.


La India alertó 48 horas antes del ciclón, pero la Junta militar no dio la alarma.

Jamas le pidas a un militar que piense, su carrera no incluye esa asignatura. (Abel Desestress)

Como siempre, cada vez que se produce una catástrofe natural, suena la pregunta del millón: ¿se podía haber evitado esta tragedia que, según las últimas cifras oficiales, ha costado ya la vida a más de 22.000 personas tras el paso del ciclón «Nargis» por Birmania?
Seguramente sí, porque las rachas de viento huracanado de 200 kilómetros por hora que soplaron el fin de semana en esta paupérrima y aislada nación del Sureste Asiático no se habrían cobrado tantos muertos en ningún país desarrollado ni habrían dejado a un millón de personas sin hogar. Entre otras cosas, por la sencilla razón de que dichas viviendas no serían las humildes chozas o chabolas en las que viven los birmanos debido a sus míseros salarios.
Pero es que, además de estos problemas propios de los países pobres como Myanmar (nombre oficial de la antigua Birmania), la India alertó dos días antes del ciclón a la Junta militar y ésta no hizo nada para dar la alarma entre la población ni preparó un plan de emergencia.
«Cuarenta y ocho horas antes de que «Nargis» golpease Birmania, informamos del punto de impacto y su gravedad», explicó a la agencia France Presse el portavoz del departamento indio de meteorología, B.P. Yadav, quien aseguró que «había tiempo suficiente para adoptar medidas de precaución como la evacuación».
El poder como prioridad
Sus críticas suponen un aldabonazo más contra el régimen militar que dirige Birmania con puño de hierro desde 1962. Aunque el Gobierno del general Than Shwe, que subió al poder tras las protestas democráticas que derrocaron al dictador NeWin en 1988, asegura que «hace todo lo posible» para hacer frente a la grave crisis desatada en el país, su principal prioridad no es ayudar al pueblo, sino mantener el control.
Así ocurrió durante la «revuelta azafrán» protagonizada por los monjes budistas en septiembre del año pasado, y que fue aplastada por el Ejército tras matar a 31 manifestantes y detener a miles de ellos, y así está pasando ahora. Mientras los habitantes del delta del río Irrawaddy (Ayeyawaddy) se sobreponen a la tragedia con lo poco que les ha quedado, la Junta militar sigue adelante con su intención de celebrar este sábado un referéndum sobre la Constitución, «vendido» como la «hoja de ruta» a la democracia, pero repudiado por la oposición.
La consulta se celebrará, como estaba previsto, el 10 de mayo y sólo se retrasará hasta el día 24 en 47 ciudades de las cinco zonas afectadas: las divisiones de Yangón (antigua Rangún), Bago y Ayeyawaddy y los estados Kayin y Mon, fronterizos con Tailandia.
En un país arrasado, tal falta de sensibilidad ha enervado a la oposición, que cree que es «extremadamente inaceptable» celebrar dicho referéndum tras el ciclón. «No hemos visto asistencia efectiva a las víctimas. Están dando prioridad al proceso constitucional sin respetar las dificultades sociales a las que se enfrenta la gente por este desastre», criticó ayer la Liga Nacional de la Democracia (LND), la formación liderada por la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, quien se ha pasado 12 de los últimos 18 años confinada bajo arresto domiciliario tras ganar las elecciones de 1990, invalidadas luego por los militares.
Oídos sordos al exterior
A la vista del infierno en que se ha convertido Birmania, la oposición podría capitalizar el descontento de la ciudadanía para intentar una nueva revuelta contra el régimen por su falta de previsión.
Además, y del mismo modo que hizo oídos sordos a los avisos de la India, la Junta militar se muestra reticente a permitir la entrada en Birmania de grupos extranjeros con ayuda humanitaria. A pesar de haber solicitado la colaboración exterior, el Gobierno birmano está ralentizando la concesión de visados hasta tal punto que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ha instado a que acepten su asistencia.
«La Junta militar debe permitir a nuestros equipos de emergencia entrar en el país», animó Bush. Sin embargo, las palabras del presidente estadounidense pueden tener un efecto contraproducente por pronunciarlas, precisamente, en un acto en el que firmó la concesión de la Medalla de Oro al Congreso norteamericano a la máxima rival del régimen birmano, la líder opositora Aung San Suu Kyi.