martes, 12 de febrero de 2008

Un coleccionista mexicano habilita una casa-museo tras reunir un millón de juguetes


Menos mal que lo hizo sin pedirle permiso a nadie, de lo contrario aparte de llenar papeles, pagar corrupción y encontrarse con cientos de personas que hubieran dicho, “porque” no iba a funcionar.
Tuvo el valor de decidir y tener acción por si mismo. Estas son las personas a las que debemos aprender, y poner como ejemplo de logros, sin importar el país, la colonia, ni el presupuesto. Solo ganas de hacer. FELICIDADES!!

México, 10 feb (EFE).- Roberto Shimizu, un arquitecto mexicano de origen japonés, ha dedicado medio siglo de su vida a coleccionar juguetes hasta reunir más de un millón de piezas, muchas de las cuales exhibe gratuitamente en su casa, convertida en el Museo Antiguo del Juguete, en el centro de Ciudad de México.
En la popular colonia de La Obrera, este arquitecto de 64 años, con estudios en Londres y Tokio, convirtió hace un año una antigua casona propiedad de su familia en un museo donde pueden contemplarse más de 10.000 juguetes de los siglos XIX y XX, explicó a Efe Shimizu.
Estos forman parte de las más de un millón de piezas que logró reunir en los últimos cincuenta años, desde que era niño, cuando sus padres se dedicaban a la venta de comida y de juguetes que traían de Japón.
Shimizu dijo que las piezas proceden tanto de regalos como de adquisiciones propias tras visitar durante años antiguos almacenes y mercados, donde se ha dejado una fortuna que no quiere cuantificar.
Una de las estrellas de este museo, ubicado en dos pisos de un edificio de cinco y que fue usado por sus padres como casa y almacén, es un circo de pulgas milimétricas, hechas de papel que simulaban "el mejor espectáculo del mundo", dice.
Aviones, locomotoras, barcos, muñecas, robots, pistolas, relojes, carritos y peluches forman parte del acervo que Shimizu sacó a la luz sin ayudas públicas ni privadas.
Su anhelo es demostrar que "hay una historia en cada juguete y que los viejos juguetes eran creativos y fueron pensados para fomentar la sociabilidad entre los menores", manifestó.
Sin embargo, Shimizu no tiene pasión alguna por los juguetes electrónicos, tan de moda en los últimos años, porque considera que convierten a los niños en "jugadores solitarios".
Este arquitecto pretende que a todos, niños y mayores, les vuelvan "las ganas de jugar" y a ese fin ha dirigido las cuatro diferentes salas que integran el museo.
Desde la entrada, los visitantes se familiarizan con juguetes de manufactura europea, asiática y mexicana.
En una de las salas se encuentra una variedad de autos, barcos, motos, patines y trenes con una gran gama de colores, modelos y materiales.
Estos objetos se guardan en vitrinas diseñadas por el propio Shimizu sobre la base de antiguos aparatos reciclados como transformadores eléctricos, calderas, bombas de gasolina y chasis de automóviles.
En otra sala se pueden ver objetos rescatados en ferias, salones de baile o centros recreativos, dedicada a las décadas de 1950 y 1980.
Entre otras piezas, se encuentra una cabeza de caballo de madera obtenida en la casa del actor mexicano Pedro Infante, así como el traje original y una carta del famoso personaje de la lucha libre "El Santo".
Según el responsable de la difusión del Museo, Alberto García, como otros muchos coleccionistas en el país, Shimizu ha dedicado un homenaje especial a la lucha libre mexicana, por lo que en todos los salones se encuentran uno o varios muñecos de personajes famosos del ring.
Los responsables del museo aseguran que otros miles de juguetes esperan su propia sala para presentarse al público, aunque ello requiere la llegada de nuevos patrocinadores.
Este museo es reconocido por las autoridades educativas del país, que fomentan las visitas de escolares, así como por la Secretaría de Turismo que lo recomienda en las guías más recientes como uno de los principales museos de arte popular de la capital mexicana.